De tanto imaginar la soledad
cubierta en tafetán y terciopelo
reniego del profeta y del celo
resigno la esperanza y la piedad
También está al asecho la maldad
urdiendo el temor y el desconsuelo
mutila la intención de mis anhelos
en esta intimidante humanidad
La vida, pertinaz impertinencia,
curtida por borrascas inclementes
nos lleva del pudor a la indecencia
Entonces se nos hace delincuente
impune, con su mordaz elocuencia
y nunca más sabremos del presente

No hay comentarios:
Publicar un comentario