sábado, 22 de febrero de 2014

La muerte del poeta




















Los trémulos tormentos indiscretos
que asaltan a mi calma envenenada
esquivan mi proclama inmaculada
se alojan en el mar de mis secretos

Por eso el crepitar de los sonetos
que avivan una fábula dorada
se pierden al toparse con la nada
no saben ni de Dios ni de amuletos

En este transitar involuntario
de pérfida violencia incestuosa
los versos ya no hacen inventario

Entonces nos rendimos a la prosa
nos sube al cadalso el mercenario
morimos sin un pétalo de rosa

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