Los trémulos tormentos indiscretos
que asaltan a mi calma envenenada
esquivan mi proclama inmaculada
se alojan en el mar de mis secretos
Por eso el crepitar de los sonetos
que avivan una fábula dorada
se pierden al toparse con la nada
no saben ni de Dios ni de amuletos
En este transitar involuntario
de pérfida violencia incestuosa
los versos ya no hacen inventario
Entonces nos rendimos a la prosa
nos sube al cadalso el mercenario
morimos sin un pétalo de rosa

No hay comentarios:
Publicar un comentario